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Cualquier paseo en cualquier ciudad del mundo debería incluir una visita a su mercado de abastos. Es allí donde la ciudad toma vida, donde propios y extraños se unen en un universo muy particular, al abrigo de edificios siempre singulares. Y La Línea no iba ser menos.

Su mercado, ubicado en la avenida Isabel la Católica, es un edificio modernista que fue levantado en la zona conocida como Huerto de los Pajareros. Presenta una tipología industrial ecléctica de finales del XIX, donde de forma armónica se entremezclan la piedra y el ladrillo en la fachada, con estructura metálica, cristal y cerámica en la cubierta a dos aguas.

El acceso por cuatro calles comunica con un espacio interior de gran altura libre. El número 7 y los símbolos masónicos se repiten en sus proporciones y detalles, al igual que ya os contamos en nuestro artículo sobre la plaza de toros. Las fachadas principales se dividen en tres tramos; central de mayor anchura, correspondiente al interior; y dos laterales, separados entre sí por sencillas pilastras.

Las dos plantas se marcan con cornisas. La del piso de planta primera retrasada respecto a las pilastras y la adelantada con un dintel de mayor anchura. Estos elementos -dintel, cornisas y pilastras- fueron pintados de color, resaltando sobre el resto de la fachada, enfoscada y pintada en blanco. En las cornisas, sobre los huecos de cada planta, algunos elementos decorativos. En una central, bajo la cornisa del piso de planta primera, se sitúa la rotulación del mercado realizada en azulejo vidriado.

Además de su valor arquitectónico, el Mercado Central de Abastos destaca por ser una de las primeras construcciones de este tipo que se edificaron en Andalucía.

¿Nos vamos de compras?